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Los Pastorcitos de Fátima

Por Carla Barbosa Rocha

San Francisco Marto

Francisco de Jesús Marto nació el 11 de junio de 1908, hijo de Olímpia y Manuel Pedro Marto.

Según sus padres, era un niño tranquilo, nada lograba alterarlo ni molestarlo.

Cuando sucedieron las apariciones, Francisco las vivió de manera diferente a su prima y a su hermana, porque no escuchaba lo que Nuestra Señora decía; pero este hecho nos ayuda enormemente a comprender cuán obediente era y cómo se entregaba a la voluntad de Dios. Tenía la paciencia serena de esperar a que las niñas le contaran lo que Nuestra Señora había dicho, y acataba todas las recomendaciones y pedidos de una manera que nos conmueve profundamente.

Deseaba mucho consolar a Nuestro Señor, permaneciendo horas en la iglesia parroquial junto al sagrario porque “Jesús estaba tan triste”. Sabía enseñarnos la jerarquía de la devoción: “Me gustó mucho ver al Ángel, pero me gustó aún más Nuestra Señora. Lo que más me gustó fue ver a Nuestro Señor, en aquella luz que Nuestra Señora puso en nuestro pecho. ¡Amo tanto a Dios!”

Comulgó en la víspera de su partida al Cielo y, según su padre, “estaba feliz”. Su gran preocupación era si había confesado todos sus pecados que, según nos cuenta la Hermana Lucía en sus memorias, consistían en haber tomado un céntimo de su padre para comprar una armónica y haber lanzado piedras a los niños de la parroquia vecina cuando ellos también lo hicieron. Entró en el Cielo el 4 de abril de 1919.  

Fue beatificado el 13 de mayo de 2000 por San Juan Pablo II y canonizado el 13 de mayo de 2017 por el Papa Francisco.

Santa Jacinta Marto

Nacida el 5 de marzo de 1910, la más pequeña de los hijos de Olímpia de Jesús y Manuel Pedro Marto, era una niña dulce y con gran afición por el baile. Según su prima, la Hermana Lucía, “se disgustaba con facilidad y tenía el pequeño defecto de ser algo apegada”, rasgos que cambiaron después de las apariciones de Nuestra Señora en Cova de Iría.

Durante la aparición de mayo, Jacinta quedó cautivada por la belleza de la “Señora más radiante que el Sol”. Junto con su hermano y su prima, prometió no contar nada a nadie, pero la imagen de la “bella Señora” permaneció con ella. En cuanto vio a su madre, no pudo contenerse y exclamó: “Vi a Nuestra Señora en la Cova de Iría”…

Fue con esta revelación que recibimos uno de nuestros bienes más preciosos: la certeza de que “Tenemos Madre”, como confirmó el Papa Francisco el 13 de mayo de 2017 en Fátima, durante la canonización de Jacinta y Francisco Marto.

Tenía como gran misión rezar por los pecadores y por el Santo Padre, y solía decir que, si todos supiéramos lo que verdaderamente es la eternidad, haríamos todo lo posible por cambiar de vida.

Regresó al Cielo el 20 de febrero de 1920, en Lisboa, víctima de la neumonía. Sola, distante de los suyos, dejó como último gesto su entrega por nosotros.

Fue beatificada por San Juan Pablo II el 13 de mayo de 2000.

Hermana Lucía de Jesús y del Inmaculado Corazón

Desde pequeña fue siempre de “Jesús”; desde el nombre con que fue bautizada, pasando por el hecho de haberlo sido en Sábado Santo, parecía que desde la primera hora su destino ya estaba trazado. Nació un Jueves Santo, en el año de 1907, el día 28 de marzo.

Recibió su Primera Comunión a una edad más temprana de lo habitual, ya que el sacerdote que escuchó su confesión el día anterior comentó que estaba mejor preparada que muchos que habían seguido la preparación regular y tenían la edad apropiada. Aquel día, Nuestra Señora habría sonreído a ella a través de la imagen de Nuestra Señora del Rosario, que aún puede contemplarse hoy en la iglesia parroquial de su aldea, Aljustrel.

Durante las apariciones, de mayo a octubre de 1917, el día 13 de cada mes, ella se convirtió en la figura central, siendo la única de los tres Pastorcitos que podía ver, oír y hablar con la Virgen. Así se convierte en gran apóstol del mensaje de Fátima.

Años más tarde, ingresó en la Congregación de las Hermanas de Santa Dorotea y se trasladó a Tuy y Pontevedra, en España. Sin embargo, el carisma de la orden del Carmelo la llamaba. Ingresó en el claustro del Carmelo de Coímbra, pero continuó “hablando” al mundo, difundiendo el Mensaje de la Virgen de Fátima y mostrando a todos la certeza de una presencia materna en nuestras vidas, manifestada a través de su entrega total a la voluntad de Dios.

Falleció en paz el 13 de febrero de 2005, después de “leer” un fax enviado por Su Santidad, el Papa Juan Pablo II, y de mirar a los ojos de todas las hermanas que la acompañaban en Carmelo de Coímbra.

Fue enterrada inicialmente en el claustro del Carmelo durante un año, y el 19 de febrero de 2006, sus restos mortales fueron trasladados a la Basílica de Nuestra Señora del Rosario en Fátima.

El 22 de junio de 2023, fue declarada Venerable por el Papa Francisco, un paso más en el camino hacia su beatificación y canonización.


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